¿Por y para qué se cruza una determinada persona en tu vida?

Era una bonita mañana de diciembre en Barcelona, el sol brillaba a través de las palmeras y yo estaba feliz de haber pasado una apasionada noche con un chico increíble. Inteligente, interesante, guapo a mi gusto y un poco pillo. Sí, una de mis flaquezas. En ese momento me daba igual si era a corto o podía plantearme un largo plazo, o eso creía yo. Otra de mis flaquezas, si alguien me gusta me encariño muy rápidamente.

Lo sorprendente de esa mañana pre-navideña fue que, por caprichos del destino, acabó en mis manos El Síndrome de Rebeca[1]. De una situación casual en la que me regalaban cualquier libro entre más de 200, elegí ese al azar, sin siquiera leer el subtítulo. Me senté a tomar un café en una terraza a disfrutar de mi buen final de año, sintiendo del calorcito de los rayos de sol.

Ojeaba el libro, ya que no tenía la menor idea de su contenido. Y yo que estaba cansada de una larga temporada de viajes y trabajo, pero feliz y con la cabeza medio ausente, a medida que iba leyendo las primeras líneas empecé a sentir como si una corriente eléctrica recorriese mi cuerpo de pies a cabeza, con el corazón a mil, me quedé sin aliento al darme cuenta que…

Me había enamorado, por tercera vez, de la misma esencia humana encarnada en otro hombre.

Sí, sí, estaba diciendo hace sólo unas líneas que me daba igual si era algo pasajero o bien una potencial relación a largo plazo. Pero como muchas de nosotras sabemos, los mitos y las creencias del amor romántico nos acechan y es tarea de heroínas escapar de ellas.

Esa misma tarde, empecé y acabé el librito. Tenía una misión, un fantasma con el que acabar, se llama Rebeca[2] (Síndrome de Rebeca: la sombra de un amor anterior, un incordiante espectro que nos condiciona a la hora de volver a enamorarnos.).

A lo largo de varias citas fui confirmando mis sospechas, pero también quería disfrutar lo que diese de sí este romance.

Poco duró. Aquí estoy con 2018 recién estrenado y desarrollando mi plan para acabar con Rebeca. Por muy atractiva y seductora que sea esta esencia humana que se me presenta cada cierto tiempo, he tenido suficiente. No soy una víctima y, aún así, me siento utilizada.

Este breve romance acabó con mi súplica de una nueva cita, porque mi tiempo ya no era bueno si no estaba respirando su esencia, y de vuelta me llegó una respuesta de silencio…un silencio ensordecedor que todavía me duele ahora.

Dolida, triste, pero también enfadada empecé 2018, decidida a acabar con Rebeca, manifestada a través del fantasma de Sosias[3]. Sí, para complicarlo, hay varios tipos de fantasmas del pasado.

Sí, mi personaje es la señora Danvers[4], un ser poco sexy que busca a cada posibilidad su gran amor perdido.

Sí, poco sexy, porque hay poco menos atractivo que una mujer desesperada por reciprocidad y por una alucinación de futuro que se cree con derecho de reclamar porque se le escapó en unas frases a Rebeca. ¿Pero no dijo que haríamos…? ¿No dijo que a pesar de la distancia…? Me agarro a cada palabra que pueda significar un futuro y continuidad a esos encuentros reclamando una exactitud en sus palabras que pocas veces expreso yo en las mías. Buscando señales que sólo llevan a la perdición.

Esta actitud nos desempodera y, aunque es bueno actuar con vulnerabilidad porque eso nos hace personas, nunca debemos perder nuestro poder, basado en el autoestima.

Aún así, mucha autoestima nos hace falta para que nos dé igual, para no pasar unos malos días por un romance, sea del tipo que sea, si vemos en esa persona un reflejo de nosotras; de lo que somos o de lo que querríamos ser.

Hay una parte de mí, a la que arrancaría ahora mismo, que sigue esperando la gran excusa. No me ignoró, algo pasó y no me contestó.

No es amor, es apego, y es tóxico.

¿Cómo acabar con el fantasma?

Ya que en la vida atraemos a personas determinadas, me gusta preguntarme por qué, ¿Por y para qué se cruza una determinada persona en tu vida? Eso me ayuda a darle sentido y a construir un relato positivo a partir de ahí. Incorporar las experiencias a nuestro relato de vida personal, puede ser de gran ayuda, quitarnos rencores, culpas y ayudarnos a aceptar. Esta vez fue, claramente, para que acabase con Rebeca.

Del que durante muchos años consideré que había sido el amor de mi vida (acabemos con ese concepto, por favor), guardaba todavía recuerdos varios: flascos de perfume medio vacíos, algún regalo y souvenirs de sus viajes. Era mi forma de tener todavía algo suyo y nunca lo vi como algo negativo; lo guardé en una caja que casi nunca abría (pero sí, digo “casi” porque alguna vez caí en la tentación). Soy una sentimental y siempre lo tomé como un recuerdo. Ahora esto me parecía un peso, un ancla en el pasado y no entiendo cómo no me había molestado hasta ahora.

El día de Reyes me hice un regalo, seguramente el mejor que me he hecho jamás, me deshice de todo. Crée mi pequeño ritual empezando por quemar la única foto que tenía con mi última Rebeca, el resto de cosas de mis Rebecas acabaron en el fondo de una bolsa, de la que me deshice al instante. Justo antes, la mano de la figurita del Cristo del Corcovado que me regaló mi primera Rebeca, (siempre me pareció un souvenir de mal gusto) había roto la bolsa y asomaba a través de ella, era como una despedida.

Con la cabeza fría y el corazón tranquilo de nuevo, me pregunto qué tengo que hacer para romper este patrón. ¿He cazado al fantasma? ¿Habré acabado con Rebeca?

Me voy preguntando qué puedo hacer para acabar con ella definitivamente, mientras en un rinconcito de mí sigo esperando la gran excusa…

Continuará.

[1] Carmen Posadas 1988, reeditado en 2014, Planeta

[2] Carmen Posadas define el El síndrome de Rebeca como la sombra de un amor anterior, un incordiante espectro que nos condiciona a la hora de volver a enamorarnos.

[3] Descripción en el libro de Posadas: Sosias es la persona que tiene parecido con otra hasta el punto de poder ser confundido con ella.

[4] Personaje de la película Rebeca y que Posadas utiliza en su libro para describir uno de los tres tipos de personaje que reviven los fantasmas del pasado.

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